De cómo el Dominus… se quedó encerrado en su propia túnica

Escena V · Distinción: Rol vs. Persona

Villa de los Olivos · En el atrio, frente a un espejo de bronce y una montaña de problemas


“En la Villa de los Olivos, a veces la sombra del cargo es más larga que la del hombre.”


El sol entraba por el compluvium con tal precisión que parecía que Apolo hubiera leído a Vitruvio. Valerio, sin embargo, ensayaba su “cara de autoridad” frente al bronce, con una rigidez que habría incomodado a una columna dórica.


Lucio (entrando con un racimo de uvas): —Maestro, Marco, el vecino, dice que una de sus vacas se ha saltado la valla. ¿Quieres que hablemos con él o le declaro la guerra en tu nombre?

Valerio (sin girarse): —Un Dominus no habla con vacas, Lucio. Un Dominus emite decretos. Que espere.

Aurelia (pasando y robándole una uva): —Por los dioses… ¿te has tragado el imperium o es que ahora ya no se dobla la espalda nunca?

Valerio: —Es el peso del Rol. Si no mantengo la prestancia, esto se desmorona.

Cornelia (mirándolo de arriba abajo): —Lo que se desmorona es esa túnica. Estás tratando a una vaca como si viniera con ejército.

Lucio: —Maestro, la vaca no parece impresionada por tu rango. Está comiéndose el jardín.

(A lo lejos, se oye un golpe seco. Un macetero entra rodando por el atrio, se detiene… y vuelve a salir por donde ha venido.)

Aurelia: —La vaca también está ejerciendo su función.

Cornelia: —Y con menos discurso.

Valerio: —¡Mi función exige distancia!

(En ese momento, una de las sandalias de Valerio se despega y se queda atrás. Él da un paso más, nota la ausencia… se detiene sin girarse.)

Valerio (sin perder la voz grave): —La distancia… es fundamental.

(Avanza otro paso. Ahora cojea levemente. Sigue sin mirar atrás.)

Lucio: —Maestro… has perdido autoridad… y una sandalia.

Valerio (tenso): —Un Dominus no pierde… delega.

(Da medio paso más. Suspira. Vuelve atrás, recoge la sandalia con dignidad exagerada y se la coloca sin agacharse del todo.)

Aurelia: —No, “haces” de Dominus. Antes también eras otra cosa.

Cornelia: —Se ha puesto la máscara… y se le ha olvidado quitársela.

(Valerio se mira en el espejo. Intenta sonreír. Sale una mueca extraña.)

Valerio: —¿De verdad me veo así?

Aurelia: —Parece que te han esculpido con prisa.

Lucio: —Y con mala leche.

Cornelia: —Quítate el cargo de la cara, Valerio. Para la vaca no hace falta toga.

(Pausa breve. Valerio duda.)

Valerio se afloja el cinturón. Respira.

Valerio (más humano): —Tenéis razón. Casi le pido a la vaca que presentara alegaciones.

Lucio: —Habría sido un gran pergamino… muuuuuuuuy difícil de firmar.

Cornelia: —Vamos. Antes de que la vaca se convierta en propietaria.


Valerio sale al jardín, dejando atrás la pose.

Valerio: —Dile a Marco que venga. Y que le habla Valerio.

Cornelia: —Mejor. Ya estaba pensando en pedir cita para saludarte.

El atrio quedó en silencio.
Esta vez… con más hombre y menos estatua.