Mentoría
HONESTIDAD ESTRATÉGICA
Creo que todo el mundo se fue ya.
Apago el ordenador. La oficina se ha quedado en silencio. Recojo la mesa casi por inercia y, antes de irme, vuelvo a mirar una nota que llevo varios días escrita en una esquina del monitor.
Es una idea.
Una de esas ideas que sé que podrían mejorar muchas cosas.
Llevo toda la semana dándole vueltas. En mi cabeza tiene sentido. Incluso la he comentado con algunos compañeros y todos me han dicho lo mismo: «Pues sí, estaría bien.»
Pero llega el momento de levantar la mano… y vuelvo a guardármela.
No sé si es prudencia, inseguridad o simplemente que me he acostumbrado a hacer bien mi trabajo sin cuestionar demasiado las cosas.
Y eso me inquieta.
Mientras cierro el portátil le veo salir de su despacho. Siempre es el último en irse.
No sé cómo lo hace.
Cuando habla en las reuniones parece tener las cosas claras. Sabe ordenar las ideas, toma decisiones y, cuando alguien discrepa, nunca pierde la calma. Algún día me gustaría tener esa seguridad. Atreverme a decir lo que pienso sin darle mil vueltas antes.
A veces me pregunto cómo habrá llegado hasta ahí. Si alguien le enseñó. Si tuvo la suerte de encontrar a alguien que creyó en él cuando todavía no sabía todo lo que era capaz de hacer.
Le sonrío al cruzarnos en la puerta.
Él me devuelve la sonrisa.
«Ojalá algún día llegue a ser como él.»
No dejo de pensar en esa idea.
La repaso una y otra vez. Busco el momento adecuado para proponerla y, cuando llega, vuelvo a callarme. Siempre encuentro un motivo para esperar. Que todavía no es el momento. Que necesito prepararla mejor. Que quizá no aporte tanto como yo creo.
Y pasan los días.
Empiezo a preguntarme si el problema no es la idea. Tal vez el problema soy yo.
He llegado hasta aquí trabajando duro, haciendo las cosas bien y cumpliendo con lo que se espera de mí. Pero siento que llevo demasiado tiempo caminando sobre seguro. Me gustaría atreverme más. Defender mis ideas. Que se escuchen. Pero no quiero equivocarme.
¿Cómo encontrar las palabras adecuadas? ¿Cómo saber cuándo es el momento? ¿Por qué cambiar algo que ya funciona? ¿Será mi ego?
Pero, por otro lado… ¿y si, sin darme cuenta, soy yo quien está frenando mi propio crecimiento?
Otra reunión más que termina sin que haya aportado nada.
Me cuesta hablar delante de tanta gente. Él habla con tanta seguridad. Tiene criterio. Cuando toma una decisión parece que todo el mundo la sigue con naturalidad. Ojalá algún día deje de sentir este nudo en el estómago cada vez que tengo que dar mi opinión.
Todo el mundo me dice que tengo potencial. Que me atreva. Que confíe más en mí. Pero… ¿cómo se hace eso? Porque yo sigo sintiendo que me falta algo. Más experiencia. Más conocimientos. Más seguridad. Siempre un poco más.
Me comparo demasiado. Me exijo demasiado. Y cuanto más intento demostrar que algún día podré llegar donde hoy está él, más lejos siento que estoy.
¿Y si nunca termino de estar preparada? ¿Y si no valgo para tomar decisiones? ¿Cómo saber qué hacer en cada momento?
¿Cómo será el día en que deje de dudar tanto de mí?
No tienes que hacerlo solo.
Si al leer estas líneas te has sentido reflejado, quizá haya llegado el momento de dejar de cargar con todo tú solo.
Puede que hoy seas esa persona que quiere dar un paso más en su carrera profesional. Puede que lideres un equipo y sientas que todavía puedes aportar mucho más, aunque cada vez tengas más preguntas que respuestas. O quizá estés empezando tu camino y solo necesites mirar las cosas desde una perspectiva diferente. Sea cual sea el momento en el que te encuentres, quiero decirte algo: es posible.
Es posible construir un espacio seguro desde el que crecer, expresar tus inquietudes y compartir aquello que pocas veces te permites decir en voz alta. Un entorno libre de juicios, donde el respeto, el debate y la transparencia sean el punto de partida.
Se trata de tener conversaciones honestas. De esas que incomodan lo justo para hacerte pensar. De confrontar tus ideas, cuestionar tus certezas y descubrir posibilidades que, quizá, siempre estuvieron delante de ti, pero nunca habías llegado a mirar.
No se trata de decirte qué decisiones tomar.
Se trata de ayudarte a reflexionar desde otros puntos de vista, desde otras experiencias profesionales y vitales. De ampliar tu mirada para que seas tú quien tome sus propias decisiones con mayor claridad y convicción.
Porque crecer no consiste en acumular más conocimientos. Muchas veces consiste en aprender a mirar de otra manera todo lo que te rodea.
La Honestidad Estratégica no busca convencerte. Busca ayudarte a pensar mejor.
Si quieres regalarte una conversación diferente, sincera y auténtica. Una conversación donde puedas detenerte, pensar sin prisas, mirar tus decisiones desde otro lugar y contrastar tus propios pensamientos , estaré encantado de acompañarte en el camino. Escríbeme desde la página de contacto y cuéntame qué está ocurriendo, qué te preocupa y qué te gustaría conseguir. Leeré tu caso personalmente y valoraremos juntos cuál puede ser la mejor forma de ayudarte.
Invierte en ti. Invierte en tu criterio. Invierte en desarrollar un pensamiento estratégico que te permita tomar mejores decisiones. Porque la mejor inversión que puedes hacer siempre será aprender a construir tu propio juicio crítico en la búsqueda de la excelencia.

