Coaching familiar y de pareja
Familia
OCUPA TU LUGAR. Y EL SISTEMA EMPEZARÁ A MOVERSE CONTIGO
A veces me quedo mirando una foto de mis hijos de hace unos años y me entra una sensación extraña en el estómago. Miro alrededor. El pequeño está con el móvil, mi marido llegó hace un rato y está terminando de hacer la cena, y los dos mayores siguen encerrados en su habitación. Yo solo pienso en sentarme cinco minutos antes de volver a empezar con la rutina de siempre.
Durante la cena hablamos poco. Más bien nos organizamos. Quién lleva mañana a los niños, qué falta por comprar, quién recoge esto o aquello. Cuando termina el día tengo la sensación de haber convivido con las personas que más quiero, pero apenas haber estado realmente con ellas.
Echo de menos reírnos más. Hablar sin prisas. Sentir que mi casa vuelva a ser ese lugar donde todos queremos estar.
A mis hijos ya no sé cómo hablarles ni qué decirles. Cada vez sé menos de sus vidas. Mi marido parece estar bien… o eso quiero pensar. Pero tampoco lo sé. Ya casi no hablamos como antes. Parece que solo existen el trabajo, los niños y todo lo que hay que sacar adelante. Y los abuelos… si no fuera por ellos, muchas veces no sé qué haríamos.
No creo que seamos una mala familia. Nos queremos. Pero algo se ha ido torciendo poco a poco. Y lo peor es que ya casi nos parece normal.
¿Y si el problema no son los móviles, ni el trabajo, ni la falta de tiempo? Todo eso influye, claro, pero cada vez siento más que el problema es otro… y me cuesta reconocerlo.
Llevo demasiado tiempo esperando que algo cambie. Que el pequeño descubra que hay vida más allá del móvil. Que mi hija vuelva a contarme sus cosas y me deje acompañarla como antes. Que mi hijo me necesite un poco más, aunque sé que se está haciendo mayor y que eso también forma parte de la vida. Que mi marido y yo volvamos a encontrarnos sin que siempre haya algo más urgente entre nosotros.
Y, mientras espero, los años siguen pasando.
Mis padres y mis suegros también se hacen mayores. Muchas veces pienso que les pedimos demasiado y no puedo evitar sentirme culpable. A veces me pregunto si estoy intentando llegar a todo… y, por querer cuidar de todos, estoy dejando de cuidar lo más importante.
Me pregunto en qué momento dejamos de mirarnos. Cuándo dejamos de hablar de verdad. Cuándo las conversaciones se convirtieron en instrucciones y las prisas ocuparon el lugar de los abrazos.
¿Estoy haciendo algo mal? ¿Les estoy exigiendo demasiado? ¿De verdad sé escuchar o solo creo que escucho? ¿Por qué parece que esto solo me preocupa a mí? ¿Seré yo la que está equivocada?
Lo único que sé con certeza es que no quiero seguir viendo cómo el tiempo pasa delante de nosotros mientras, poco a poco, dejamos de estar realmente unidos.
No tienes que hacerlo solo.
Si al leer estas líneas te has sentido reflejado, quizá haya llegado el momento de dejar de cargar con todo tú solo.
Ya seas esa madre que rememora una vieja foto familiar y se pregunta: «¿Dónde se fueron aquellos tiempos?»; ese padre que no termina de conectar con sus hijos; esos abuelos que vuelven a hacer de padres porque jamás dejarán de estar ahí para los suyos; o ese adolescente que siente que nadie le entiende… Sea cual sea tu lugar dentro de la familia, quiero decirte algo: es posible.
Es posible volver a construir una familia donde las conversaciones no se limiten a organizar el día siguiente. Donde cada uno encuentre su lugar, los hijos vuelvan a sentirse escuchados, la pareja recupere espacios para encontrarse y los abuelos vuelvan a sentirse parte de la familia sin cargar con responsabilidades que no les corresponden.
Es posible volver a disfrutar de las pequeñas cosas. Reír juntos. Compartir tiempo de calidad. Recuperar la confianza para hablar de lo importante antes de que sea demasiado tarde. Y hacer que la familia vuelva a ser ese refugio al que todos quieren regresar cuando arrecia la tormenta.
Porque, a veces, esperamos que cambien nuestros hijos, nuestra pareja o nuestras circunstancias, sin darnos cuenta de que ellos, muchas veces, también están esperando exactamente lo mismo de nosotros.
Si quieres empezar a ser ese cambio, estaré encantado de acompañarte en el camino. Escríbeme desde la página de contacto y cuéntame qué está ocurriendo en tu familia, qué os preocupa y qué os gustaría conseguir. Leeré vuestro caso personalmente y valoraremos juntos cuál puede ser la mejor forma de ayudaros.
Invierte en tu familia. Invierte en vuestros vínculos. Invierte en los recuerdos que algún día miraréis con orgullo. Porque no hay mayor legado que construir un hogar al que todos quieran volver.

Pareja
VOLVED A MIRAROS A LOS OJOS
Suena el despertador… qué pereza. Me ducho deprisa, preparo un café que probablemente volveré a dejar a medias y salgo corriendo de casa con la sensación de llegar tarde, aunque todavía falten cuarenta minutos para entrar a trabajar.
Él ya se fue hace un rato. Nos dimos un beso rápido, de esos que casi forman parte de la rutina, mientras yo buscaba las llaves que, una vez más, no encontraba.
Mientras conduzco hacia el trabajo voy repasando mentalmente mil cosas. Nos gustaría dejar el alquiler y comprar nuestra propia casa algún día, pero ni siquiera nos ponemos de acuerdo sobre dónde vivir. Él quiere campo; yo soy más de ciudad. Mi madre volvió a preguntarme ayer cuándo le voy a dar un nieto y, una vez más, sonreí para cambiar de tema. No necesito otra presión más… y hoy tampoco tengo fuerzas para discutir.
Por la tarde llego cansada. Él también. Hay que hacer la compra, preparar la cena, recoger la casa, poner una lavadora y dejar medio organizada la mañana siguiente. Una amiga me escribe para quedar y me invento cualquier excusa. En realidad no me apetece salir. Solo quiero que el día termine.
Otro día más que se esfuma. A veces siento que mi vida se ha convertido en un bucle. Le quiero, de eso no tengo ninguna duda. Pero, a veces, siento que vivimos tan deprisa que ya casi no tengo tiempo para mí… ni para nosotros. Cenamos viendo una serie, casi sin hablar. Comentamos cuatro cosas del trabajo y, cuando quiero darme cuenta, ya estamos acostándonos para volver a empezar exactamente igual al día siguiente.
Estoy en el trabajo realizando un curso de mi departamento. Espero promocionar este año. Más horas, más responsabilidad, pero también un puesto mejor y un mejor sueldo. ¿Y si esta vez vuelven a elegir a otra persona? Tengo que demostrar que estoy implicada, que soy buena en mi trabajo. Tendré que echarle más horas para que lo vean.
Pero… ¿cómo afectarán estos cambios a mi vida? Otra vez.
Llevo demasiado tiempo esperando que las cosas vuelvan a ser como antes. Pensé que cuando compráramos una casa estaríamos más tranquilos. Que cuando consiguiera un mejor puesto de trabajo podría relajarme. Que entonces empezaríamos a tener tiempo para nosotros. Pero los días pasan y siempre aparece algo nuevo que vuelve a ocupar nuestro sitio.
Empiezo a sentir que mejorar en muchos aspectos implica empeorar mi vida personal. Apenas hablo con él o con mis amigas. Parecemos dos compañeros de piso que coordinan una casa con eficacia, pero que cada vez saben menos el uno del otro. ¿Cuándo dejamos de preguntarnos cómo estábamos para hablar solo del trabajo y de todo lo que quedaba por hacer?
¿Estoy haciendo algo mal? ¿Nos estamos dejando llevar por la rutina? ¿Estoy dando por hecho que él siempre va a estar ahí? ¿Lo estará haciendo él conmigo? ¿Y si no nos estamos perdiendo el uno al otro de golpe… sino poco a poco, sin darnos cuenta?
Soy una mujer trabajadora, con una carrera y con ganas de hacerlo bien, pero no sé cómo salir de este caos. Tal vez quiero más de lo que puedo tener. Tal vez no soy tan lista. Tal vez no soy tan buena. ¿Y si no me lo merezco? ¿Cómo puedo estar en esta situación…? Es culpa mía.
Lo único que sé con certeza es que no quiero despertarme dentro de diez años y descubrir que la persona con la que decidí compartir mi vida se ha convertido en alguien con quien simplemente convivo, ni sentirme amargada con la vida.
Y me hago una última pregunta…
¿De verdad tengo que renunciar a una parte de mi vida para poder construir la otra?
No tienes que hacerlo solo.
Si al leer estas líneas te has sentido reflejado, quizá haya llegado el momento de dejar de cargar con todo tú solo.
Puede que hoy seáis esa pareja joven que está empezando y trabaja duro para construir un futuro mejor, muchas veces a costa del presente. Puede que seáis esa pareja más madura donde los hijos ya han volado del nido y ese vacío silencioso os tenga desorientados. Puede que seáis esa pareja recién jubilada que se enfrenta a una nueva etapa, intentando encontrar el equilibrio entre disfrutar de la vida y seguir estando para sus hijos sin saber muy bien qué lugar ocupar ahora. Sea cual sea el momento que estéis viviendo, quiero deciros algo: es posible.
Es posible crecer profesionalmente sin dejar de crecer como pareja. Es posible perseguir objetivos, asumir responsabilidades y construir un proyecto de vida sin que la rutina termine ocupando el lugar de vuestra relación.
Es posible afrontar cada etapa desde un lugar diferente. Disfrutar más del tiempo compartido, acompañar a los hijos desde un nuevo papel cuando llegue el momento y vivir cada cambio sin sentir que, para avanzar, tenéis que dejar una parte de vosotros por el camino.
A veces creemos que el amor basta. Otras veces pensamos que, cuando lleguen tiempos mejores, volveremos a tener tiempo para nosotros. Y otras, simplemente, ya no sabemos qué hacer con ese tiempo o cuál es nuestro lugar en esta nueva etapa de la vida. La realidad es que las relaciones necesitan atención, conversaciones, pequeños gestos, seguir conociéndose y decisiones conscientes. Igual que cualquier proyecto importante de nuestra vida.
Si queréis encontrar ese equilibrio. Si queréis fortalecer vuestra comunicación, redescubrir quiénes sois hoy como pareja y afrontar con seguridad los cambios que la vida os vaya poniendo delante, estaré encantado de acompañaros en el camino.
Escríbeme desde la página de contacto y cuéntame qué está ocurriendo, qué os preocupa y qué os gustaría conseguir. Leeré vuestro caso personalmente y valoraremos juntos cuál puede ser la mejor forma de ayudaros.
Invierte en ti. Invierte en vuestra relación. Invierte en el proyecto de vida que un día decidisteis compartir. Porque la mejor inversión que puede hacer una pareja es aprender a cuidar aquello que un día hizo que os mirarais a los ojos y decidierais caminar juntos.

