De cómo empezar una guerra… en la Villa de los Olivos

Escena I · Distinción: Hecho vs. Interpretación

Villa de los Olivos · A las afueras de Roma


“A esa hora, en la Villa de los Olivos, el silencio duraba lo justo.”


Lo suficiente para que Valerio tomara aire… antes de que las conclusiones llegaran con más prisa que un mensajero de guerra.


Lucio: —¡Maestro! ¡Aurelia me ha declarado la guerra! ¡Su mirada ha marchitado mis laureles!

Valerio: —Curioso… Los olivos siguen intactos. ¿Qué viste exactamente?

Lucio: —¡Sus ojos! Se cerraron como puertas en invierno. ¡Eso no es casualidad!

Aurelia (entrando, ligera): —Eso es sol, Lucio. Olvidé el sombrero. Mis ojos reaccionan, no conspiran.

Cornelia (sin levantar la vista): —Lucio ve tragedias donde el sol solo pide sombra.

Lucio: —¡Pero lo sentí! ¡El desprecio estaba ahí!

Valerio: —También se siente el frío… y no por eso es personal.

(Pausa breve. Lucio duda. Aurelia observa, divertida.)

Aurelia: —Entonces, si digo que Lucio dramatiza… ¿eso qué sería?

Valerio (mirándole): —Depende.
Si lo observas, es una descripción.
Si lo sentencias, es una historia… y de las que se recuerdan.

Cornelia: —En esta Villa, algunos cultivan olivos… y otros argumentos.

(Lucio suspira. Mira a Aurelia. Mira al sol, entrecerrando los ojos… esta vez con cuidado.)

Lucio: —Entonces… ¿no iba contra mí?

Aurelia: —Solo iba contra mis ojos.


Valerio se alejó sin prisa, como quien no necesita cerrar nada.

Lucio permaneció un instante en silencio.

—Curioso… —murmuró—.
El mismo gesto… y casi declaro una guerra.

Cornelia alzó la vista apenas.

—Troya cayó por menos.

Aurelia sonrió.

—Y aquí casi empezamos otra… por no llevar sombrero.