De cómo un regalo… casi acaba en el foso
Escena II · Distinción: Intención vs. Impacto
Villa de los Olivos · Junto al estanque de los patos
“Aquella tarde, en la Villa de los Olivos, algo no encajaba.”
Hacía tanto calor que hasta los patos discutían en silencio.
Lucio apareció con un bulto bajo el brazo y una sonrisa que pedía aplauso… o auxilio.
Lucio (radiante, destapándolo): —¡Sorpresa! Lo encargué para ti… Sé que dijiste que las esculturas no son lo tuyo… pero esta es distinta, el escultor juró que estaría a la altura de Venus.
(Aurelia miró el busto. Luego a Lucio. Luego al busto otra vez.)
—Curioso… —dijo—. No recordaba haber vivido tantas guerras.
(Valerio se acercó, inclinando la cabeza.)
—El mármol, cuando se inspira, no pide permiso.
—¡Es un homenaje! —insistió Lucio—. ¡El escultor dijo que captaría tu esencia!
Cornelia (sin levantar la vista): —Si esa es su esencia, yo dormiría con la puerta cerrada.
(Aurelia rodeó la escultura.)
—Lucio, este busto parece dispuesto a cobrarme impuestos atrasados.
—¡Pero lo hice por ti! —replicó él—. ¡Para que te gustara!
—Pensé que en este caso no importaría.
(Valerio lo miró con calma.)
—Y, sin embargo… el mármol ha conseguido lo imposible: ponerse en tu contra… y en el de todos los demás.
(Pausa breve. El busto, imperturbable, no ayudaba.)
(Lucio bajó la voz.)
—Entonces… ¿no cuenta lo que yo quería?
(Aurelia sonrió, afilada.)
—Cuenta. Sobre todo para entender por qué no vuelvo a dejarte elegir regalos.
Cornelia: —La próxima vez, Lucio, regala flores. Como mucho se marchitan… no atacan.
Lucio miró el busto. El busto no mejoró.
—Curioso… —murmuró—. Quería hacer un regalo… y casi abro un conflicto.
El estanque siguió en silencio. Los patos, prudentemente, no opinaron.
¿Y tú… qué huella estás dejando realmente?
A veces quieres acertar… y aun así, algo no encaja.
Un comentario.
Un gesto.
Y, sin darte cuenta, algo se tuerce.
Hoy puedes probar algo distinto:
Antes de hacerlo, pregúntate:
¿Esto que voy a hacer… cómo caerá en el otro?

